La frontera de la desesperanza

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Fotografía: Atravesando barreras, por José Francisco Calderón Almendros

 

Advierto a menudo en mi alumnado, y en las familias, y en el profesorado… una actitud desesperanzada, como de vivir en una realidad que no se puede cambiar. Los docentes tenemos mucha responsabilidad en esto, porque a menudo decimos lo que no hacemos. También los medios de comunicación (y en general toda forma de poder) alientan la desesperanza. Pero hacernos conscientes de nuestro poder en la construcción de la realidad puede servir para entender que muchas de nuestras conductas son las creadoras de la desigualdad que tenemos la obligación de remover.

 

El chico estaba trabajando en grupo con otros compañeros y compañeras realizando unas tareas de marquetería. En una de las últimas sesiones, éste rompió el trabajo colectivo, por lo cual la familia le reprimió remarcando la importancia de cuidar el trabajo realizado en común con los demás. Al pedirle una explicación, Rafael concluyó: «a mí sólo me dejaban lijar».

(Calderón y Habegger, 2012. Educación, hándicap e inclusión. Octaedro, Granada, p. 85)

Hay que desarticular ese círculo de inmovilismo que elimina la posibilidad (y necesidad!) de transformación. Son muchas las fronteras que hay que derribar, y una de ellas es esa que separa la realidad de los sueños. La de la desesperanza.

 

Profesor de Teoría de la Educación en la Universidad de Málaga (España). Interesado en la experiencia de exclusión e inclusión educativa de personas situadas en los márgenes, especialmente desde la discapacidad y la desventaja sociocultural. Empeñado en que la escuela sea un lugar donde todas las personas podamos crear sentido.
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