
Hacía mucho tiempo que conocía a Takeshi, un activista, filósofo y miembro del Equipo del Instituto de Investigación Ars Vivendi de la Ritsumeikan University. Nos conocimos a través del Sensei Shinya Tateiwa, con quien llevé a cabo mi primera estancia de investigación en Japón, hace ya 8 años. Aquello fue todo un viaje, en el sentido más profundo del término.
Desde el principio, Takeshi me dio muestras de su generosidad, que se funda en su deseo de cambiar la realidad para hacer que la vida independiente no sea un privilegio. Me sorprendió encontrar un artículo mío traducido al japonés antes incluso de llegar a Japón. Más tarde, mantendríamos conversaciones, siempre a través de las redes, ya que durante la primera parte de mi estancia en Kyoto él estaba en América Latina, donde viene desarrollando una fantástica siembra de semillas de autodeterminación. Lamentablemente, el encuentro que teníamos preparado no pudo producirse, porque tuve que volver precipitadamente a España. Nuestro encuentro en la asociación “Mainstream”, en Nishinomiya, tuvo que ser cancelado, muy a nuestro pesar.
En 2022 hubo un nuevo intento frustrado por encontrarnos en Japón, pero mi entrada al país no sería posible por las restricciones de la pandemia por el COVID-19. Sin embargo, Takeshi siguió ahí, dispuesto en la distancia a continuar construyendo una colaboración valiosa entre nosotros. Hizo el enorme esfuerzo de elaborar los subtítulos en Japonés del documental “Educación Inclusiva. Quererla es Crearla”. Ese deseo de hacer que las construcciones de QeC estuvieran en su idioma y así poder influir en su contexto me sobrecoge cada vez que lo pienso, porque da valor a lo que hacemos, en un claro acto de apertura, y supone un esfuerzo por documentar algo que no estaba del todo definido. Ese deseo de Takeshi ha sido el promotor de la reciente traducción completa de la web de Quererla es Crearla al Japonés. Si Takeshi es un sembrador de semillas en América Latina y Japón, quizá esta web pueda ser una semilla que germine algún día en su país.
Hace unos días, por fin, tuvimos la oportunidad de conocernos en persona. No es la primera vez que me encuentro con alguien tras años de relación telemática, y es una sensación tremendamente extraña y familiar esa de darse cuenta de que se pueden hacer relaciones profundas y verdaderas sin la presencia física. Pero al encontrarnos, todo eso se hizo más intenso y presente. Nos encontramos en Kobe, donde me llevó a tomar la soba más rica que he probado jamás. Mucho más gracias a la conversación, contándonos experiencias, preocupaciones, análisis… nuestras vidas. Esa conversación le llevó a invitarme a visitar la Asociación Mainstream, en Nishinomiya. Tomamos un tren. En él, trataba de imaginar cómo sería el centro de vida independiente al que me dirigía, y también cuáles serían las experiencias que encontraría allí. Al llegar, cualquier inquietud se disolvería, porque volví a encontrar lo que me admira en todos los lugares del mundo en los que he estado: las culturas, sociedades y organizaciones son muy diferentes entre sí. La economía de cada lugar impacta de forma decisiva en las vidas de la gente, y el contexto es fundamental para entender lo que ocurre a las personas. Sin embargo, al hablar con la gente, todo se vuelve sencillo, inteligible y asumible, porque los problemas de la exclusión, en el fondo, son comunes allá donde los seres humanos están y se organizan. Hunden sus raíces en las relaciones de poder.

Takeshi me ayudó a comunicarme con varios jóvenes activistas en situación de discapacidad. La conversación no tuvo desperdicio. Uno de los jóvenes, llamado Kazuya, había cursado toda su escolarización en entorno segregado. Ahora es físico, Secretario General adjunto de la Asociación y uno de los impulsores de la educación inclusiva de la asociación. Al preguntar por qué luchaba para conseguir una educación inclusiva, su respuesta me paralizó: porque acabé mis estudios sin amigos. La otra persona impulsora de la educación inclusiva en la asociación, Kaji, que es Vicepresidente de la asociación, había tenido una experiencia totalmente diferente: su escolarización había tenido lugar en contextos inclusivos, y era esa experiencia la que le impulsaba a querer extenderla.
Pero de todas las experiencias que me contaron, tengo que rescatar la que más me dolió, y la que más capacidad tuvo para describir lo que pasa. Se trata de un joven, Nakayama, que había finalizado sus Estudios Universitarios de Bienestar Social. Le pregunté acerca de su experiencia en la universidad, y su respuesta cayó como una bomba: mi problema es que no sé hacer amigos, y por eso no he tenido.
Esa responsabilización de la exclusión en los hombros de un joven que había estado escolarizado toda su vida en ambientes segregados, que había dedicado horas y horas a terapias y a clases sobre las clases, es asumida como algo natural. Volví a preguntarle, e incluso a cuestionar su interpretación, pero su explicación estaba tan asumida e interiorizada, que no se movió. Solo se añadió un nuevo matiz: yo siempre he estado con adultos. Con profesionales. ¡Ese es uno de los grandes fracasos de la educación especial! ¿Cómo se puede construir una sociedad inclusiva si se niega la posibilidad misma de la relación entre las generaciones más jóvenes?
Salimos de la asociación muy pensativos. Tras avanzar unos pasos, Takeshi me dijo: Tateiwa Sensei me enseñó que en una vida está toda la sociedad. Aquellos jóvenes habían hecho una radiografía de la educación japonesa en relación con la equidad y la inclusión. Las vidas son un catalizador extraordinario de lo que pasa en nuestras sociedades. Ese es el fundamento del análisis biográfico que construimos en QeC: asomarnos a la escuela a través de las vidas de la gente, para cuestionar lo que pasa, y construir juntos respuestas que desafíen el estado actual de las cosas. Aquel encuentro fue el inicio de la documentación de relatos de vida de estudiantes japoneses.

Nos quedó tiempo para tomar otro tren, y dirigirnos a Osaka. Allí, tomamos unos deliciosos yakitoris acompañados de unas cervezas bien frías en un estrecho puesto bajo la estación de tren, y seguimos pensando y compartiendo juntos. Fue un día extraordinario, como lo es Takeshi. El siguiente dato seguro que te ayuda a conocerlo un poco más: él había sido asistente personal de todos aquellos jóvenes en algún momento de sus vidas.
Hace unos días, Takeshi escribió un precioso post en japonés, que publicaría en las redes sociales. Me permito traducirlo al español, y compartirlo por aquí, con mi agradecimiento:
“Conocí a Nacho, un especialista en educación inclusiva de la Universidad de Málaga, hace ocho años, por estas fechas, cuando él estaba pasando el verano en el Instituto de Estudios El Arte de Vivir de la Universidad Ritsumeikan. Ambos éramos investigadores visitantes y estábamos incluidos en la lista de correo del instituto. Creo que fue entonces cuando el profesor Tateiwa nos dijo: «Podéis comunicaros en español si queréis», y a partir de ahí empezamos a hablar.
Precisamente por aquel entonces, la Asociación Mainstream también estaba comenzando a trabajar en educación inclusiva, y habíamos empezado a colaborar con Ebihara, que estaba poniendo en marcha un proyecto de educación inclusiva en Tokio.
Ebihara siempre mostraba una enorme curiosidad y se interesaba por todo, y además dominaba el inglés. Pensé que sería interesante que se conocieran. Cuando le pregunté si quería conocer a la persona que estaba allí en aquel momento, me respondió enseguida y acordamos las fechas para que ella pudiera ir a Mainstream y encontrarse con él.
Aunque nos preguntábamos cosas como «¿Conseguiremos que el asistente personal pueda acompañarla?», finalmente quedamos para septiembre. Pero cuando ya faltaba solamente un día para el encuentro, ocurrió algo inesperado: la madre de Nacho cayó gravemente enferma y él tuvo que regresar urgentemente a España. Aquel encuentro se canceló sin más. Después llegó la pandemia de COVID-19, y Ebihara falleció a finales de aquel año, cuatro años después.
Yo también dejé pasar aquella oportunidad y el tiempo fue transcurriendo sin que llegara a conocer a Nacho personalmente. En 2023 tuve la oportunidad de traducir al japonés un documental realizado por el grupo que él había creado para promover la educación inclusiva. Así, nuestra relación se fue estrechando, aunque seguíamos sin tener ocasión de encontrarnos cara a cara.
Y finalmente, el otro día pude conocer por fin a Nacho, que había vuelto a pasar el verano en el Instituto Ars Vivendi. Comimos juntos en Motomachi, pasamos por Mainstream, en Nishinomiya, y después nos trasladamos a Osaka, donde tomamos una copa antes de despedirnos. No dejamos de hablar durante todo el tiempo. Después, al echar la vista atrás, pensé que era increíble que pudiéramos hablar tanto; parecía como si fuéramos amigos que se conocían desde hacía décadas.
En la Asociación Mainstream le dije: «Se suponía que aquí iba a presentarte a mi amiga». Y volví a pensar en lo triste que había sido que aquel encuentro nunca pudiera hacerse realidad. Si aquel encuentro hubiera sido posible, quizá la situación de la educación en el mundo habría sido ––aunque solo fuera un poco–– diferente. No lo digo como una exageración: realmente lo pienso.” (Takeshi Inoue)
Gracias, Takeshi. Ciertamente, las vidas singulares muestran lo que la sociedad es, pero también lo que puede ser. Construyendo redes con personas como tú, lo que dices no es una exageración. Y estamos a tiempo.

Profesor de Teoría de la Educación en la Universidad de Málaga (España). Interesado en la experiencia de exclusión e inclusión educativa de personas situadas en los márgenes, especialmente desde la discapacidad y la desventaja sociocultural. Empeñado en que la escuela sea un lugar donde todas las personas podamos crear sentido.