
“Las instituciones, y muy concretamente la escolar, roban el lenguaje y el discurso al alumnado y a sus familias, lo que las deja desarmadas ante prácticas que conducen a las personas a itinerarios excluyentes, a la cosificación y a la muerte social y educativa. Y se trata de una realidad que recorre a diferentes colectivos: inmigrantes, poblaciones empobrecidas, alumnado de clase trabajadora, personas homosexuales… Todos ellos son definidos por las escuelas, y el lenguaje (como discurso y práctica) de las escuelas les obliga a abandonar sus demandas. Los colectivos, uno a uno, van siendo desarmados y desmovilizados, en buena medida a través del poder de la normalidad; sus diferencias son transformadas en identidades definidas por el poder. En ese proceso se obliga al alumnado a conformar un esquema dicotómico excluyente: camuflarse en la norma renegando de las diferencias o convertirse en lo contrario, en lo anormal.”
Fuente: Calderón-Almendros, I. (2015). Conquistar las escuelas como sitios de esperanza. Cuadernos de Pedagogía, 461, 50-54. https://minifi.ca/Hu6P6