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Siempre suspenden

Imagen: Pixabay

Antítesis

Ya son demasiadas las personas que me escriben estos días para contarme que sus hijos e hijas han suspendido. Que han suspendido injustamente. Que la escuela no entiende el esfuerzo y las dificultades que atraviesan. Que a menudo el suspenso llega después de desentenderse de sus aprendizajes, que han de ofrecérselos, cuando sus economías lo permiten, por medio de academias y profesorado particular. Me escriben madres y algunos padres, con gran preocupación y tristeza. Esas madres y padres tienen vidas, con sus dificultades, con sus enfermedades, con sus preocupaciones. Y a esas añaden las que les procura la escuela. Sí, la escuela.

Escriben sobre sus hijos e hijas, que cargan sobre sus espaldas acrónimos de todo tipo: TEA, TEL, TDAH… Ahora no solo tienen esas siglas encima, sino que son también sepultados bajo los números de las notas. Muchos de ellos tienen ahora sobre su cabeza un 4. Qué número tan cobarde. Hoy me decía una madre que su hijo había suspendido todas las asignaturas con ese número. Todas. Ese niño carga en el primer trimestre 2º de Primaria (un año y unos meses después de comenzar la educación obligatoria, pandemia y confinamiento mediante) con las siglas TEA, que sirven de justificación para las adaptaciones curriculares significativas individualizadas (ACIs) que tiene, y no impiden los suspensos que hoy trae como regalo de Navidad. La madre me dice que odia la palabra lucha, pero que eso es lo que ha tenido que librar hasta para que su hijo permanezca en la escuela ordinaria. Y a pesar de esa odiosa lucha, sobre los 7 añitos de su hijo caen a plomo la etiqueta, la ACI y las calificaciones. Acabaríamos antes diciéndolo claro: fuera de aquí.

Hace poco emití un informe para la defensa en los tribunales de un estudiante que había terminado la ESO (Educación Secundaria Obligatoria) con todas las asignaturas aprobadas, pero sin obtener el título. La razón de esta negación era que las asignaturas aprobadas tenían ACIs, por lo que argumentaba la escuela que no alcanzaba el nivel exigido. Por tanto, era la propia escuela la que había impedido cualquier posibilidad del estudiante para optar al título de secundaria OBLIGATORIA. Una forma evidente de discriminación: obligado a estudiar, obligado al etiquetado, obligado a asumir las adaptaciones, y unas adaptaciones que no llegan al «nivel» excluyen cualquier posibilidad de titulación. Es decir, obligado a vivir sin título.

El caso que me presentaba esta otra madre hoy añade algo más. Confieso que es algo que he escuchado a varias madres durante la última semana: a pesar de las ACIs, sus hijos e hijas suspenden. La pregunta es obvia: entonces, ¿para qué se hace una ACI? ¿A quién se adapta si ni siquiera la persona a la que se le impone la puede aprobar? Es, desde donde se mire, una encerrona. Una calle sin salida. Como esas pesadillas en las que estás en un sitio que cada vez se hace más y más pequeño, y te invade una angustiosa sensación de asfixia.

Estas situaciones, que estructuralmente excluyen a niños y niñas desde edades tan tempranas, son inadmisibles y necesitan una contestación. No puede ser que la escuela atente contra el derecho a la educación. Necesitan de la voz valiente de los profesionales y de las familias, que ven y sufren todo esto. Pero esta opresión se alimenta del miedo, y es ese miedo el combustible del que se alimenta esa parte maldita de la escuela, que nada tiene que ver con la tarea de educar. El miedo a lo que harán a mi hijo o hija; el miedo al qué dirán; el miedo a ser excluido del resto de mis compañeros; el miedo a lo desconocido. Al final es algo así como esa otra pesadilla de vernos de repente desnudos en la calle. Necesitamos construir confianza en nuestras posibilidades para poder deshacernos del miedo. Y para eso es imprescindible unirnos a otras personas: a otros profesionales y a otras familias. Las verdaderas resistencias tienen su llave en la construcción de redes de apoyo mutuo, que actúan inteligentemente de acuerdo con análisis sistemáticos sobre el modo en que actúa la escuela y la sociedad. La confianza se construyen en esas relaciones que permiten ver que lo que pensamos tiene sentido, que lo que impera no necesariamente es lo correcto, y que podemos crear otras realidades.

Hace años escribí junto a Sabina Habegger un libro que en su primera edición se tituló: «Vertebrar la lucha educativa: la acción de educar en la resistencia a la desigualdad«. Aquella primera edición, que narraba la historia de una familia en la defensa del derecho a la educación de uno de los hijos, fue escrita sin que pudieran ser identificados. Me lo recordó hoy la madre del niño que han sepultado bajo el 4, cuando le pedía permiso para contar públicamente (de forma anónima) parte de su historia. Ella me respondió: «lo triste es que tengamos que hacer las cosas anónimamente, cuando los que lo están haciendo mal son ellos». De nuevo el miedo, que sostiene las injusticias. Y recordé que unos años más tarde, cuando se agotó aquella edición del libro, se publicó bajo el título «Educación, hándicap e inclusión: una lucha familiar contra una escuela excluyente«, y ya habíamos construido la confianza para hacerlo sin escondernos. Sí, el miedo puede dejar su espacio a la esperanza. La familia era la mía, y aquel niño rechazado era mi hermano. Quizás a alguien le siga sirviendo, para cuestionar algunas de las habituales prácticas escolares y poner en el centro el compromiso de los educadores en el reconocimiento de los demás en sus derechos humanos. Y para alimentar nuevas formas de concebir y habitar las escuelas.

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16 comentarios en «Siempre suspenden»

  1. Acabo de descubrir este blog vía Facebook y me ha encantado el comentario. Soy una estudiante de último curso del grado de Matemáticas, tengo TEA y me apasiona el mundo de la educación. Gracias por este post. Me anima a pensar que sí hay gente que se preocupa realmente por una educación inclusiva, constructiva y coherente. ¡¡Mil gracias!!

  2. Hola. Soy profesora de primero de primaria desde hace 26 años y la burocracia me ata las manos en muchas ocasiones. Cuando un alumno/a presentar dificultades para seguir el ritmo de la clase, y pido apoyo en el 98% de los casos me lo deniegan. Medidas ordinarias dentro de la clase me dicen. Un alumno/a que presenta dificultades con 6 años es recuperable con ayuda a la tutora. Pero si tiene que atenderlo en paralelo a los otros 20 alumno esa atención se reduce exponencialmente. Después nos obligan a suspenderlos durante casi tres años para que el desfase sea superior a dos años y es entonces cuando se le hace un estudio , que la persona que lo hace no conoce la alumno/a y que suele tardar otro año y una adaptación curricular significa que en mi opinión llega tarde, muy tarde, y que desde luego se tiene que ajustar a su nivel de conocimientos y no podría suspenderla nunca porque está hecha únicamente para él/ella. Si se pusieran los medios en la primera solicitud de ayuda por parte de los tutores que sabemos más que un informe lo que les hace falta muchos de esos alumnos/as tendrían una oportunidad pero nos atan las manos con burocracia y leyes absurdas

    1. Tenemos que responder a esa burocratización del trabajo, porque hace que pierda el sentido educativo. Aunque me temo que no se trata solo de medios ni de la burocracia. La misma secuencia que comentas habla por sí misma, y tiene que ver con concepciones (algo que trasciende los medios) que no tienen sentido alguno. Saludos

  3. Soy maestra. Es la primera vez en mi vida, y ya llevo 28 años de profesión, que pongo un Insuficiente a dos de mis alumnos de quinto curso de primaria con necesidades educativas especificas. Me he rendido a la presión de mi entorno y no me lo puedo perdonar. No me puedo perdonar el disgusto de esos niños y de esas madres que se sienten castigados por una escuela incapaz de atender y, sobre todo, entender lo que pasa con las etiquetas, con las calificaciones y con el falso modelo de escuela integradora.
    Este alumnado cada vez está más fuera de la escuela, de la clase. Nunca tuve un alumno que progresara más por «sacarle del aula» para ser atendido por PT o AL. Esto no debería permitirse, pero es muy habitual que se les «apoye» fuera.
    No me lo puedo perdonar, menos aún después de leer tu artículo.

  4. Lo que es una trampa no son las ACIs, son las calificaciones, que tratan de comparar y decidir qué alumnado supera los mínimos. Nos atreveríamos a crear una Primaria sin calificaciones numéricas? Sería deseable? Cómo se detectarían todo tipo de problemas de aprendizaje si no hay calificaciones? Los propios padres no soportarían este sistema durante toda la primaria. Soy profesor y soy consciente de que tenemos el Sistema que la Sociedad demanda. La prueba está en que en el proceso de elaboración de las últimas leyes no se planteó suprimir las calificaciones.

    1. La trampa en realidad radica en las dos cosas (y otras muchas), porque siguen basándose en la idea de un nivel homogéneo correcto, lo que va en contra de la diversidad que tenemos los seres humanos, las condiciones en que se produce la experiencia y los desarrollos que se derivan. Que la educación primaria acepte sin cuestionarse la función de clasificar a la población es algo que va contra el derecho mismo a la educación. Y por supuesto que la escuela no es la que la sociedad demanda. Otra cosa es que vayamos asumiendo los mandatos de la misma (como docentes, como familias y como alumnado). Porque justamente en esa creación de leyes se sigue sin contar significativamente con el debate público. A este respecto es el mercado el que dicta las normas, lamentablemente, porque es a quien sirve esa clasificación de la población desde la infancia. Saludos

  5. Gracias a Ignacio Calderón; por compartir este articulo que nos hace reflexionar, repensar las practicas educativas que se realizan en nuestros Centros educativos. Cada vez son mas las familias que se aquejan por las injusticias, imposiciones, barreras ; que sufren sus hijos/as en sus trayectorias educativas. En la situación actual que nos hallamos , la pandemia que estamos atravesando, a nivel mundial; donde en casi todos los países han ido in crescendo estas desigualdades en el ámbito escolar, el fuerte impacto que ha causado en todos los sistemas, el Covid Sars- 19, nos ha hecho volver a mirar y pensar, en lo que es realmente importante ,independientemente de nuestra cultura, lengua, origen, capacidades afectivas, cognitivas, sociales, lingüísticas. No hay que cerrar puertas al alumnado por ser diferente ni establecer límites. No somos nadie para hacerlo ni para determinar quien adquiere el titulo de la ESO , quien promociona y quien no. El Covid Sars- 19, nos ha hecho volver a mirar y pensar, en lo que es realmente importante ,independientemente de nuestra cultura, lengua, origen, capacidades afectivas, cognitivas, sociales, lingüísticas. Hablo, por tanto, de una Educación Consciente, que nos haga sentir felices, que lo que estamos enseñando y transmitiendo es lo que cada uno de nosotros queremos y somos, nuestros valores, formas de ver la vida ,enseñar es más que transmitir conocimiento, es acompañar al alumnado a ,los que mas necesitan de nosotros., en todo su proceso. Necesitamos urgentemente , repensar las practicas educativas que se realizan en nuestros centros como las modalidades de escolarización, y revisar las políticas educativas, ya que determinadas modalidades lo único que hacen es acentuar la Exclusión Educativa de determinados alumnos, quizá los que mas necesitan de apoyo.(Colectivos en riesgo de Exclusión).Todo ello hace que se ralentice el proceso de Enseñanza. Aprendizaje del alumno; prácticas obsoletas educativas que en la Educación de antes hubieran servido, pero en la Educación actual no tienen cabida. Lo mismo ocurre con las “Adaptaciones Curriculares” (ACIS). modificaciones de uno o más elementos prescriptivos del currículo, como son los objetivos, contenidos, y criterios de evaluación, no hay que hacer ajustes para que se produzca un buen aprendizaje.. Hay que crear un Currículo para todos, donde todos puedan aprender unos de otros, una Comunidad de aprendizaje, donde se fortalecen los lazos entre el alumnado ,profesorado, donde todos los alumnos puedan ser ellos mismos, y aprender unos con otros.

  6. Las ACis en la mayoría de los casos no hacen que el alumno avance. disminuyen el nivel de los contenidos, pero no se adaptan en realidad las metodologías, hacen más de lo mismo , (a veces los recursos son los mismos libros de cursos pasados !!), sin implicación y proceso de enseñanza real por parte del profesorado. «Vale, aquí tenéis la ACis», pero ahora quién le enseña?el PT? El maestro sombra? Cada profesor?… Y si el alumno no ha avanzado, la culpa es del alumno? por qué lo evaluamos solo a él? La responsabilidad de aprender es solo del niño? Con la ACis ya el niño aprende por sí solo por arte de magia? Por qué no hacemos la evaluación completa, a caso no es la función de la escuela la de enseñar a todos sus alumnos?. Comprendo que con la ratio actual es difícil, pidan refuerzos, exigían apoyos,…pero no digan al niño y a sus padres que a pesar de la ACis no ha avanzado.

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